CULTIVO DE SANDIA SANDIA WT# 2527

8 de junio del 2016

Sandía WT # 2527 en zona de Campeche

peso promedio de 14kg, teniendo hasta de 19kg

El movimiento y la mezcla del suelo con las operaciones del laboreo cumplen varias funciones importantes. La primera es el control de los residuos y la vegetación nueva que compite con los cultivos. El laboreo se usa también para controlar el flujo de agua, incorporar los fertilizantes, pesticidas y enmiendas, y para crear condiciones favorables para el establecimiento de los cultivos y el desarrollo del sistema radical.
Cada suelo y cada sistema de cultivo presentan problemas y soluciones específicas de laboreo.
La preparación de suelo es la primera labor a considerar para lograr el éxito del cultivo, una buena preparación de suelo es el resultado de varias operaciones de campo con maquinarias y/o implementos especializados de tal manera que como resultado se obtenga una zona mullida que facilite el arraigamiento de las raíces del cultivo y asegure una gran capacidad de almacenamiento de agua y oxígeno, además, favorece la actividad de los organismos que viven en el suelo.
El método de riego que mejor se adapta a los cultivos tecnificados de melón y sandía es el de riego por goteo, puesto que las cucurbitáceas en general son muy sensibles a los encharcamientos, y además permite agregar la fertilización en la cantidad requerida a lo largo del cultivo.
La aplicación oportuna de agua se refiere, a los días e intervalos que transcurren entre dos riegos, es decir a la aplicación de agua en el día apropiado. Porque si se dejan muchos días entre riegos, se corre el riesgo de que el agua almacenada en el suelo se acabe y, por lo tanto, la planta se puede marchitar. Si el riego es muy frecuente el agua se pierde por escorrentía, se puede producir encharcamiento, disminuye el contenido de oxígeno en el suelo, se limita el desarrollo de raíces y la toma de nutrimentos.
El asunto es determinar el contenido de agua en el suelo a partir del cual ésta comienza a ser escasa y por lo tanto se inicia el desarrollo de un estrés hídrico que daña a la planta.
Un método para determinar la frecuencia de riego es contabilizar, por una parte, la capacidad de almacenamiento de agua fácilmente disponible que posee el suelo, y por otra, el gasto diario de agua. Así por ejemplo, en un suelo con su capacidad de almacenamiento de agua fácilmente disponible es de 40 mm de altura de agua y para un requerimiento de 5 mm/día, la frecuencia de riego sería de 8 días.